Contra nuestro Patriarcado: dejar de chingar

Carta a mis congéneres (nacidos con pene) en el Día por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Apreciables (y por desgracia, muchas veces despreciables) compañeros hombres:

Mucho tenemos qué pensar nosotros en este día, y más tenemos que empezar a hacer a partir de hoy.

     Varón, no me digas que no estás harto de la violencia, el miedo y las desigualdades que estamos viviendo en este país. No me digas que no te hiere a ti y a tu gente cercana. Pues qué crees: esto de lo que estamos tan hartos comienza con las formas de poder que los hombres ejercemos cada día contra las mujeres. A esto se le llama Patriarcado.

     Si de verdad queremos comprometernos por una sociedad, por una ciudad sin violencia y sin explotación, lo primero que tenemos qué dejar de hacer es ejercer el dominio y la violencia sobre nuestras congéneres (humanas) mujeres, es decir, tenemos que sabotear nuestro propio patriarcado. A ver si somos capaces de cuestionar los privilegios que nos da el accidente de haber nacido con un pene.

     No, señor. Nacer con un pene no es pretexto alguno para que podamos obligar a nuestras esposas, novias, hijas, madres a pasar más tiempo lavando, cuidando niños y cocinando (para nosotros) que estudiando, divirtiéndose, cultivándose o descansando (como nosotros).

     Si tú crees que no obligas a nadie y piensas que muchas de ellas se ocupan de nosotros y de nuestras familias por gusto, tal vez no hayas contado las veces que tú te has preocupado por el orden y el aseo de tu casa, de tu ropa, tuyas y de tu familia. No digamos de nuestros hijos. Quiero decir: si no colaboras de manera igualitaria (no a medias) en estas tareas, estás forzando a que sean ellas las que sigan compensando tu despreocupación.

      Dice la feminista española Alicia Murillo que “los hombres se tomarán las tareas domésticas como una verdadera obligación el día en que éstas computen en la Seguridad Social y sean pagadas por el Estado”. En México, el trabajo doméstico remunerado es el empleo más desprotegido legalmente. El patrón tiene menos obligaciones respecto a la empleada que en otros trabajos, y la afiliación a la seguridad social es voluntaria. ¿Y qué crees? Que nueve de cada diez personas dedicadas a este trabajo en México son mujeres. ¿Somos capaces de ver cómo el Patriarcado está en nuestras casas, en nuestras instituciones y en nuestras leyes?

     ¿Y qué me dices del espacio público? De entrada, otra gran mentira nuestra. Calles y plazas de esta ciudad no son espacios públicos porque solamente los hombres (aunque ya no siempre, debido al miedo a nuestra propia violencia)podemos estar ahí, circular por ahí sin ser molestados, acosados y calificados. Según nuestra metafísica patriarcal (y cada quien piense en los mitos y los relatos de su propia religión o ciencia)creemos que algún ser supremo (varón)nos otorgó la posesión de los cuerpos de las mujeres que circulan frente a nosotros. Chiflidos, “piropos” y miradas incisivas son los mecanismos con los que nos aseguramos de que ellas no se sientan cómodas, que nos teman e incluso crean que tienen qué gustarnos. Que sepan que ese es nuestro territorio y que si quieren pasar por ahí tienen que ajustarse a nuestros ojos, a nuestra lascivia “natural” de machos. Lo que no hemos entendido es que sus cuerpos no son nuestros y que las calles también habrían de pertenecerles, pues también ellas las sustentan.

     También los hay que creen que es justamente este desenfreno por externar sin reparo los impulsos sexuales lo que nos define como hombres. Vaya mierda de identidad. No, compañero. No puede ser que nos defina la misoginia, esto es, el absoluto desprecio por lo que las mujeres sienten y piensan mientras nosotros nos divertimos y nos desahogamos a su costa, cuyas manifestaciones más destructivas son la violación y el feminicidio, pero que tienen exactamente la misma lógica que el acoso verbal, la violencia psicológica y el minimizar las aportaciones y éxitos de las mujeres en espacios laborales y académicos, donde los hombres solemos tener la última palabra. Es violencia y punto.

Af MACHISMO 700x1000N 2008

     Me dirás entonces que está en las mujeres el no someterse a este trato. Créeme, están en ello, ¿has oído hablar del movimiento feminista? No, el feminismo no es el machismo ejercido por mujeres. Quien te haya dicho eso es alguien que no está interesado en que las relaciones de género cambien. Las feministas son y han sido mujeres históricamente organizadas para vivir como personas libres en condiciones de igualdad sin importar sus genitales, y que apoyan a otras mujeres para que no cedan a la presión social y económica ni a la violencia que las obliga a estar en una situación de explotación. Si no fuera por ellas las mujeres hoy día no tendrían derecho ni a ir a la escuela. Pero la presión y la violencia la ejercemos nosotros y la cultura que hemos hecho a medida de nuestros privilegios.

     A nosotros, compañeros, nos toca, literalmente, dejar de chingar: dejar de violentar, de violar, de disponer los espacios urbano, doméstico, laboral y mediático para preservar nuestros privilegios sobre las mujeres. Como bien explica la feminista mexicana Sayak Valencia, las guerras armadas, la cruel maquinaria del crimen organizado, el terrorismo de Estado y el capitalismo salvaje (capitalismo gore dice Sayak) no son más que manifestaciones de masculinidades que no se sacian de sangre, poder y dinero usando los cuerpos de las mujeres como campos de batalla y materia prima para ganar la estúpida competencia en la acumulación de poder: trata de personas, ablación genital, explotación comercial de los cuerpos femeninos…

     Deja de culpar a tu madre y a las de otros de criar a los machos. Por supuesto que esta sociedad patriarcal requiere de roles para sostenerse. Pero los beneficios mayoritariamente son para ti, ella sólo ha asumido el rol que la cultura masculina le ha predestinado. ¿No te das cuenta? Si no cumple ese rol será sancionada.

      Deja también de educar a tu hija como princesa desvalida o como sirvienta según la conveniencia del momento: henchir tu orgullo de macho protector o tener servidumbre de reserva. Tampoco tus hermanas y amigas necesitan que las trates así. Pero sobre todo, enseña a tu hijo varón que ejercer el patriarcado es hacer la violencia que a todxs nos afecta. No le permitas ser un abusador. También exige a tu padre, a tus hermanos y a tus amigos que no lo sean.

     A nosotros, compañero hombre, nos toca trabajar en paridad.


@chacsol

Anuncios