Blanqueamiento por despojo en el Centro Histérico de Guadalajara

Publicado originalmente en La Maraña, difusora anti-autoritaria, agosto 2019.

Imagen: Sofía Morquecho / Co-laboratorio urbano

En el escenario del espectáculo unificado de la economía de la abundancia, se plantean afirmaciones irreconciliables; así mismo, diferentes mercancías-estrella sostienen simultáneamente sus proyectos contradictorios de organización de la sociedad: el espectáculo de los automóviles exige una circulación perfecta que destruya las viejas ciudades, mientras que el espectáculo de la propia ciudad necesita barrios-museo.

Guy Debord. La sociedad del espectáculo.

En el año 2011 comenzamos a caminar las calles de los barrios del Centro de Guadalajara con una intuición. Atendiendo a los testimonios de cómo han cambiado en las últimas décadas los cascos antiguos y barrios tradicionales de muchas grandes ciudades en diferentes partes del globo -como los casos que se encuentran documentados en la plataforma museodelosdesplazados.com – podíamos leer en el deterioro de gran cantidad de fincas y de calles las señales de transformaciones muy profundas en la ciudad. El capital tiene ciclos de expoliación (despojar hasta la muerte) enfocados cada vez más en la mercantilización de las ciudades para cumplir un doble propósito:

  • por un lado, la “pacificación” de los habitantes de la ciudad, separados entre sí no solamente por muros, distancias y autopistas, sino también por formas de consumo;
  • por el otro, para la producción de “valor” en la lógica ficticia del capital, mediante la especulación inmobiliaria: construir edificios y fraccionamientos no para atender a una necesidad real de personas que necesitan vivienda, sino para generar movimientos de capital en el gasto de la construcción y en el consumo de modos aspiracionales de vida, en torno también a determinadas “industrias”.

En el caso de la metrópoli tapatía las dos décadas anteriores los movimientos del capital se abocaron a la construcción de fraccionamientos en las periferias de la ciudad, casas construidas en serie con materiales de mala calidad y sin contar con todos los servicios básicos, alejadas de los núcleos metropolitanos a los que la mayoría de la gente acude a trabajar. Casas con las que miles de personas se hipotecaron bajo la promesa de tener un “patrimonio” que posteriormente aumentaría su plusvalía. Mientras eso ocurría, los barrios céntricos de Guadalajara no contaban deliberadamente con mantenimiento por parte de la administración pública, lo cual, junto con las promesas de plusvalía en las periferias, tuvo como efecto un éxodo masivo de vecinxs. Cerca de veinte mil personas dejaron de vivir en esta zona en el cambio de siglo. Como se trata de desplazamientos paulatinos y no de desalojos, para los gobiernos y sus serviles urbanistas es muy fácil decir que no se trata de desplazamientos forzados. Lo cierto es que muchas personas fueron despojadas de las formas de vida que provee la cercanía barrial. Pero esta forma de desplazamiento no es más que la primera fase (la más larga también) de un proceso más amplio que lxs compas de 06600 Observatorio y Plataforma Vecinal de la colonia Juárez en la Ciudad de México han llamado blanqueamiento por despojo (Gaytán, 2018).

¿Qué es blanqueamiento por despojo?

Se trata de una estrategia para el control de zonas específicas de la metrópoli global, principalmente de centros históricos y barrios tradicionales, convirtiéndolos en mercancía. Con la globalización digital del cambio de milenio el poder del capital presumía de no necesitar del espacio físico ni de las normas del Estado para el dominio de las formas de vida. No se trataba más que de una argucia para ocultar nuevas formas de control territorial basadas en la instauración de valores socialmente positivos sobre una zona, después de eliminar aquello que la vuelve “sucia”. Durante la primera fase de “desinversión” y deterioro de estas zonas urbanas que mencionábamos antes, se agudizan estigmas sobre los barrios, promovidos por medios de comunicación. En los primeros años de esta década, periódicos locales se referían al barrio de El Santuario en el centro de Guadalajara como uno de los más inseguros del municipio, culpando sobre todo al mercado “ilícito” de medicamentos que aún se despliega por las calles de Hospital y Pedro Loza, frecuentado por gente de todos los estratos socio-económicos. Este estigma tiene una función especulativa en la estrategia del blanqueamiento, pues con ello los precios del suelo y las edificaciones bajan en el mercado inmobiliario, ampliando el potencial de negocio que tendrá la zona para futuros inversionistas, según el principio pragmático de las relaciones capitalistas: comprar barato y vender muy caro.

Los años finales de la “desinversión” y el estigma de los barrios coinciden con el posicionamiento de nuevos valores “ciudadanos” como el “espacio público” y la “movilidad sustentable”, tal como ha ocurrido en Guadalajara desde finales de la década pasada. Este posicionamiento proviene de grupos asumidos como “sociedad civil” que se organizan para que haya más infraestructuras para la movilidad ciclista y mejores espacios públicos proporcionados por la administración pública, lo cual ha permitido a los gobiernos “progresistas” municipales y estatales tomar sus consignas como motor de procesos de “renovación urbana” -siguiente fase en la estrategia del blanqueamiento por despojo- legitimando así la destrucción de parques y barrios para una nueva oleada de desplazamiento. Así es como ha ocurrido en el centro de Guadalajara desde el año 2014 con la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero, que desplazó a cientos de comerciantes locatarios y de calle a lo largo de la Avenida Alcalde, además de dañar muchas fincas de la zona.  Ahora son las empresas inmobiliarias las que utilizan los nuevos equipamientos como bicicletas “públicas”, corredores peatonales, el transporte masivo y los espacios públicos renovados como valor agregado a sus condominios impagables para cualquier trabajador, tal como puede verse en el anuncio del edificio ACERVO.

En enero del año 2012, el presidente FeCal anunció la edificación de la Ciudad Creativa Digital en el Parque Morelos, en la zona Centro de Guadalajara. Se trata, según sus promotores, de la instalación de empresas transnacionales de software y producción audiovisual que prometen magníficas oportunidades de trabajo para la llamada “clase creativa” a la par que la “renovación urbana” de esta zona histórica de la ciudad, denostada también porque ahí laboran trabajadoras sexuales, oficio que jamás será aceptado de forma legítima por las buenas conciencias ciudadanas. Este proyecto despertó para nosotrxs nuevas preguntas: ¿Qué tiene que ver el “emprendedurismo” de las “clases creativas” encumbrado desde las universidades, las empresas y las instituciones públicas con los proyectos inmobiliarios en el centro de la ciudad? ¿Qué tiene que ver la “creatividad” con la urbanización? ¿Qué tiene que ver el trabajo de la maquila de la industria electrónica con la “clase creativa” de Guadalajara? Abundan aún incautos -incluidos los promotores de la Ciudad Creativa- que presumen que Jalisco es el “Sillicon Valley mexicano”, obviando que eso refiere en realidad a la explotación de miles de trabajadoras de la industria electrónica, tal como lo ha denunciado la Coalición de Trabajadoras de la Indiustria Electrónica CETIEN.

Es de este modo que las políticas urbanas “progresistas” y sus megaproyectos de lógica desarrollista, están redefiniendo el acceso a los barrios tradicionales de la ciudad, revalorizando el suelo, incrementando alquileres y prediales, e instituyendo formas de consumo que apelan al imaginario de la blanquitud: cuerpos blancos y juveniles como los que aparecen en el anuncio de Acervo; dinámicos, formados en la universidad privada, que visten traje y corbata de diseñador mientras se mueven sustentablemente en bicicleta por la Ciudad Creativa. El resultado es, también en esta fase de elitización de los barrios, el desplazamiento de cuerpos y formas de vida incompatibles con ese imaginario, a menos que sea para hacer las funciones de servidumbre en departamentos de lujo.

Mientras que en la academia se llama a este fenómeno gentrificación, el término blanqueamiento por despojo enfatiza el carácter racista de un proyecto de metrópoli global a la vez que señala al negocio inmobiliario como forma de lavado de dinero en el país de la narco-gobernanza. La primera acción mediática del gobierno municipal del ex-alcalde Alfaro en el año 2015 fue el “ordenamiento del Centro Histórico” que consistió básicamente en enviar a su policía para detener y amedrentar a los comerciantes ambulantes de la zona como método de “limpieza”. El blanqueamiento por despojo es una estrategia de guerra contra quienes habitan la calle en el sentido extenso de la palabra, es decir, contra quienes trabajan y construyen su tejido relacional en ese espacio.

@caracol_urbano // Co-laboratorio urbano

Otras instituciones como la Universidad de Guadalajara se articulan claramente en esa estrategia: por un lado con el desplazamiento de estudiantes del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades del plantel de la Normal, en las inmediaciones del centro de Guadalajara, hacia el plantel periférico de Belenes, el cual se ha dado en el contexto del surgimiento de asambleas autónomas de estudiantes que se organizan contra el acoso sexual en la universidad, por las desapariciones forzadas y contra la hegemonía de la Federación de Estudiantes Universitarios, tal como lo ha venido denunciando la Colectiva Autónoma de Derecho y como se escribió en el primer número de La Maraña. Como resultado del cambio de campus, muchxs estudiantes de carreras como sociología han desertado de la universidad por las dificultades ocasionadas por las distancias. Por otra parte, la UdeG logró que el Ayuntamiento del Guadalajara les cediera, en una operación por demás absurda, el subsuelo del Jardín del barrio de Mexicaltzingo para construir un estacionamiento para el Teatro Diana, otro de los negocios de los caciques universitarios. “Por un lado nos traen las bicis públicas que porque es bueno que haya menos coches, y luego nos quieren poner un estacionamiento”, decía una vecina. No parking, no bussiness”, declaraba cínicamente el rector universitario. La construcción de ese estacionamiento conllevaría más desplazamiento de vecinxs y comerciantes durante el tiempo que durase la obra (no menos de 4 años), muchos de los cuales no tienen más que ese espacio para salir y encontrarse con otras personas, detonando también la construcción de edificios de condominios de alto costo, algunos de los cuales ya están en marcha.

Ante esta oleada de ataques a golpe de “obra pública”, policía y ciudadanos buena onda, quienes nos encontramos en el Centro de la ciudad para convivir y organizarnos nos preguntamos: ¿Cómo hacer?…

Continuará…

@caracol_urbano

ESCUCHA testimonios de vecinas y estudiantes que resisten a los proyectos de despojo urbano en el Centro de Guadalajara ::

Venga, dilo...

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