Feminismo o barbarie

Hace unas semanas muchas personas en este país volvimos a sentir la sacudida que nos devuelve a la certeza de que estamos en guerra. Una guerra contra nosotrxs. Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Alejandra Negrete, Mile Virginia Martín y Rubén Espinosa fueron ejecutados en la colonia Narvarte de la Ciudad de México. De Nadia y Rubén sobran los motivos para sospechar que se trata de crímenes contra la libertad de expresión. En los casos de Nadia, Yesenia, Alejandra y Mile se trató de feminicidios: Rubén fue encontrado con signos de tortura y con tiro de gracia. Tenía la ropa puesta. Los cuerpos de ellas fueron encontrados también con signos de tortura, con tiro de gracia y, además, con claros signos de haber sido violadas. Sus cuerpos fueron encontrados sin ropa. El narco-estado intenta aniquilar todo aquello que se le opone, pero actúa con especial saña contra los cuerpos de las mujeres, violencia que además es invisibilizada por la opinión pública como parte de la misma lógica. Mientras que el asesinato de Rubén como atentado a la libertad de expresión -lo cual sin duda es gravísimo- aparecía en los titulares de todos los medios, el asesinato de Nadia, Yesenia, Alejandra y Mile, violentadas de esa manera por ser mujeres, aparecía nombrado como “periodista asesinado y otras cuatro mujeres”. Es intolerable que en Veracruz hayan sido asesinadxs quince periodistas durante el Gobierno de Duarte, ¿y cómo sentirnos, cómo conmovernos, frente al asesinato diario de siete mujeres en este país por el hecho de serlo? Asesinatos que no son solamente a manos del narco-estado, sino de sus maridos y conocidos. Si no podemos frenar las violencias contra nuestras cercanas, ¿qué posibilidades tenemos de enfrentar al narco-estado genocida?

Desnaturalizar y sancionar la violencia doméstica, el acoso sexual en la calle y en el trabajo, la exclusión de las mujeres en los puestos de decisión, el no reconocimiento al trabajo doméstico y de los cuidados -realizado mayoritariamente por mujeres-, la feminización de la pobreza, la educación masculina en la violencia, son acciones indispensables para afrontar esta guerra.

barbarie

Si empezáramos a actuar como si todos los cuerpos importaran podríamos organizarnos para resistir y contrarrestar esta violencia. Tal vez si hubiésemos salido multitudinariamente a las calles, mujeres y hombres, a decir “Todas somos Juárez” hace una década hoy tendríamos menos tolerancia a esta masacre y habríamos desarrollado otras capacidades organizativas. Es momento de hacerlo y para eso necesitamos al feminismo.

Los feminismos son luchas por tener vidas dignas de ser vividas. E invariablemente la vía para esas luchas pasa por el encuentro y el reconocimiento de las mujeres y sus distintas realidades entre sí; por el combate contra toda forma de opresión, sea por género, raza o clase. Los feminismos implican también una ruptura con las normas de género, otra forma de relacionarnos con lo que nos rodea (naturaleza, entornos urbanos). Cuestiona y enfrenta a la masculinidad hegemónica que excluye y aniquila. No se trata de una ideología abstracta, sino de prácticas cotidianas en las que es necesario poner el cuerpo y que son a la vez prácticas colectivas: cuidarnos, organizarnos para la autodefensa, cuestionar los privilegios propios y los de quienes nos oprimen, compartir los saberes, procurar lo común a través del placer. Y, en la medida de nuestras fuerzas y posibilidades, generar espacios para que eso ocurra.

Venga, dilo...

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